jueves, 30 de junio de 2011

lo dicho y lo hecho



podes hablar solamente de justicia social y de feminismo, ecología, presos que no tienen causas y de heroísmos. podés mirar solamente películas de genocidios, podes jurar que no entendés cómo puede la gente ser tan cruel, podés asombrarte de que las viejas repitan lo que les enseñaron a creer toda su vida, y hacer bandera de defensora de lo correcto cuando alguien toca tus intereses.

pero seguís siendo una persona que sólo disfruta haciendo para ella y nadie más.
seguís siendo una persona que apenas domina alguna conjugación del verbo compartir.
seguís siendo capaz de convivir sin tener ganas de estar con nadie
seguís siendo capaz de declarar que amás el momento de la preparación de una comida, amás sentir los aromas y vapores de la cocción... sobre todo cuando es para vos sola y no tenés que pensar en lo que le gusta al otro.

no conocés el deseo doloroso, placentero, avasallante, de nutrir al otro.
O tal vez sí, un poco.

Pero seguís creyendo que lo normal es que esas cosas pasen sólo con algunos. Que sólo en algunos casos se preocupa uno por el otro, se conecta uno con el otro.

Y eso mata todas tus supuestas ideologías. Porque el rechazo de la crueldad parte de la idea de que todos nos merecemos el bien. Todos merecemos amor, una casa, comida, simplemente porque somos seres humanos. Todos merecemos que nos saluden y nos traten con cordialidad. Todos merecemos que los que viven con nosotros hagan algunas renuncias mínimas por nosotros, como nosotros renunciamos a cosas por ellos. Si uno ni siquiera es capaz de ser cortés y de sentir cierta preocupación por la persona que duerme en la pieza de al lado, cuando tenga que hacer cosas más nobles, más arriesgadas, más de jugarse por el otro ¿cómo va a hacer?

supongo que todos tenemos nuestras contradicciones.
las tuyas me están cansando.





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